Escritos de la tía Pepita

EN LA OSCURIDAD

Sevilla, 3 de junio de 1899                                                                    

            La oscuridad lo envuelve todo, es densa, asfixiante y… liberadora. Siento como las cadenas que me atan a mi día a día se van soltando una por una. Por fin puedo llorar libremente. Siento las lágrimas derramarse por mis mejillas regando las semillas de inconformidad que se plantaron hace tiempo en la tierra bajo mis pies. El bosque es mi refugio. Los árboles mis silenciosos testigos. Siento su respiración tranquila y acompasada y me relajo.

¿Por qué lloro? ¿De qué me quiero liberar? No lo sé ni me importa. Tampoco sé quién soy. Hace tiempo que perdí mi identidad envuelta en tantas otras identidades falsas. Me convertí en lo que otros quisieron, en lo que otros soñaron. En la oscuridad puedo salir del camino que otros me marcaron, perderme en el bosque y encontrarme a mí misma. Puedo soñar con mil y una vidas distintas, con lugares recónditos y anhelos no confesados. 

En la oscuridad soy Yo. 

Amanece.

Se secan las lágrimas.

Se esconde el dolor bajo una sonrisa falsa.

Se apaga el brillo de los ojos.

¿Quién soy?



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